Termografía aérea vs. de mano.
Las dos miden lo mismo: radiación infrarroja. Lo que cambia es hasta dónde llegan, a qué distancia y con qué riesgo.
La termografía de mano se hace con una cámara térmica que el técnico lleva y apunta a cada equipo. La termografía aérea monta una cámara térmica en un drone. No compiten: cada una resuelve un tipo de activo distinto.
Cuándo conviene la cámara de mano
- Tableros y salas eléctricas interiores.
- Equipos a la altura de una persona, con acceso seguro.
- Mediciones muy cercanas, donde se necesita el máximo detalle de un componente chico.
Cuándo conviene el drone
- Activos altos: líneas, torres, estructuras, chimeneas y techos.
- Superficies extensas: parques solares, cubiertas de galpones, predios completos.
- Zonas donde no conviene que entre personal: cerca de partes energizadas, en altura o en áreas de riesgo.
- Cuando se necesita una vista general para ubicar el problema y después revisarlo de cerca.
Qué tienen en común
En los dos casos, la medición solo sirve si se hace en las condiciones correctas: equipos eléctricos con carga, emisividad del material definida, distancia conocida y sin reflejos que engañen a la cámara. Y en los dos casos, lo que importa es la comparación: un componente que calienta más que su par en las mismas condiciones.
Cómo se combinan
En plantas industriales es habitual usar las dos: el drone para cubiertas, tendidos y estructuras exteriores, y la cámara de mano para los tableros interiores. El resultado es un relevamiento completo con una sola lógica de informe.
